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Venture en Latinoamérica: del boom de 2021 a la corrección

El capital de riesgo en Latinoamérica vivió un pico histórico en 2021 y una corrección fuerte en los años siguientes, cuando subieron las tasas y se enfrió el entusiasmo. Ese ciclo dejó lecciones sobre la naturaleza del venture que un inversionista debería entender antes de destinarle capital.

Foto de Santiago Moreno GiraldoSantiago Moreno Giraldo8 min de lectura

El venture en Latinoamérica vivió en pocos años un ciclo completo de euforia y enfriamiento que vale la pena entender, porque enseña más sobre la naturaleza de esta clase de activo que cualquier definición. Según datos de la Asociación para la Inversión de Capital Privado en América Latina (LAVCA), la inversión de capital de riesgo en la región alcanzó un pico histórico en 2021, del orden de dieciséis mil millones de dólares, y luego cayó con fuerza en los años siguientes.

Ese vaivén no fue un fracaso del venture, sino una muestra de cómo funciona: cuando el dinero es barato y el optimismo abunda, el capital fluye y las valoraciones suben; cuando las tasas suben y el ánimo cambia, el capital se retrae y las valoraciones se ajustan. Entender ese ciclo ayuda a un inversionista a no confundir el entusiasmo de un momento con la naturaleza de la clase de activo.

Qué infló el boom de 2021

El pico de 2021 coincidió con un mundo de tasas muy bajas, en el que el capital buscaba rendimiento donde fuera y estaba dispuesto a apostar a crecimiento futuro sin exigir utilidades presentes. A eso se sumó un ecosistema regional que maduraba, con más fundadores, más historias de éxito y más fondos mirando a Latinoamérica. La combinación disparó tanto el monto invertido como las valoraciones.

El pico de 2021 y la corrección posterior no cambiaron la naturaleza del venture: la mayoría de las startups sigue fallando y el resultado se concentra en unas pocas. Lo que cambió fue el precio de entrada y el ánimo del capital.

Qué reveló la corrección

Cuando las tasas subieron en el mundo, el capital dejó de ser barato y se volvió exigente. La inversión de venture en la región cayó de forma marcada frente al pico, muchas valoraciones se ajustaron a la baja y las salidas se hicieron más difíciles. Ese enfriamiento recordó verdades que la euforia había opacado:

  • El venture es la clase de activo más arriesgada, y la mayoría de las startups falla sin importar el entusiasmo del momento.
  • El rendimiento se concentra en las pocas que triunfan en grande, por la ley de potencia, y por eso diversificar es indispensable.
  • Las salidas dependen del apetito del mercado, que se enfría en los ciclos adversos, alargando el horizonte.
  • El precio de entrada importa: comprar caro en la euforia reduce el rendimiento futuro aunque la empresa sea buena.

Cómo mirar el venture hoy

Después de un ciclo así, la forma sensata de participar del venture regional es con disciplina, no con euforia ni con miedo: una capa de apuestas acotada, con capital que se puede perder por completo; diversificación amplia entre varias startups; horizonte largo, entendiendo que las salidas tardan; y conciencia de que el precio de entrada, más razonable tras la corrección, importa tanto como la calidad de la empresa. La oportunidad sigue siendo real, pero se aprovecha con las reglas de siempre.

En Basalto, cuando estructuramos exposición a venture lo hacemos con esa lógica de cartera y de capa acotada, participando del ecosistema sin idealizarlo. Somos un vehículo de inversión privada por invitación, y presentamos el venture como la punta más arriesgada de un patrimonio, con capital que se debe poder perder y sin ninguna promesa de rentabilidad. La página de inversión en startups lo desarrolla.

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