Venture

La ley de potencia: por qué unas pocas startups explican casi todo el rendimiento

El rendimiento del venture no se reparte de forma pareja: sigue una ley de potencia, donde una fracción diminuta de las inversiones genera casi todo el retorno y la mayoría pierde. Entender esto cambia todo: obliga a diversificar mucho y a no descartar la apuesta que parece más loca.

Foto de Francisco HigueraFrancisco Higuera7 min de lectura

La mayoría de las inversiones se piensan con una intuición promedio: si haces diez apuestas parecidas, esperas que la mayoría dé un resultado cercano a la media. El venture rompe esa intuición por completo. Ahí, el rendimiento no se distribuye alrededor de un promedio, sino que sigue lo que se llama una ley de potencia: una fracción diminuta de las inversiones genera la enorme mayoría del rendimiento total, y el resto, la gran mayoría, pierde o apenas devuelve el capital.

Esto no es un detalle técnico, es la característica que define cómo se debe invertir en startups. En una cartera de venture, no ganas por acertar la mayoría de las veces. Ganas por tener, dentro de la cartera, una o dos apuestas que salgan extraordinariamente bien, tan bien que paguen por todas las demás y dejen ganancia.

Qué implica invertir bajo una ley de potencia

La primera consecuencia es contraintuitiva: no basta con evitar las peores apuestas, hay que asegurarse de estar en las mejores. Como el rendimiento se concentra en tan pocas, perderse la ganadora por prudencia excesiva es un error tan grave como poner capital en las perdedoras. En venture, el mayor riesgo no es perder en una apuesta, es no estar en la que lo cambia todo.

En una cartera de venture, la ganancia de una sola inversión extraordinaria puede superar la suma de todas las pérdidas. Por eso el objetivo no es evitar perder, sino asegurarse de estar en las pocas que ganan en grande.

Por qué esto obliga a diversificar mucho

Si el rendimiento depende de acertar una entre muchas, y no puedes saber de antemano cuál será, la única defensa razonable es hacer suficientes apuestas para aumentar la probabilidad de tener la ganadora dentro de la cartera. Una o dos inversiones en startups no son venture, son lotería. Una cartera amplia y diversificada de muchas startups es lo que le da al modelo una lógica estadística, aunque cada apuesta individual siga siendo incierta.

  • Con pocas apuestas, dependes de la suerte de que justo la tuya sea la ganadora, lo cual es improbable.
  • Con muchas apuestas diversificadas, aumentas la probabilidad de que al menos una de las grandes ganadoras esté en tu cartera.
  • La diversificación en venture no reduce el riesgo de cada apuesta, sino la dependencia del resultado de una sola.

El error de aplicar la intuición de otras inversiones

Muchos inversionistas con éxito en otras clases de activo fracasan en venture por aplicar la intuición equivocada. En crédito o en real estate, evitar las malas apuestas y buscar rendimientos consistentes tiene sentido. En venture, esa misma prudencia puede llevar a descartar precisamente la apuesta más loca que resulta ser la ganadora, o a concentrar en pocas apuestas seguras que, por definición, tienen poco potencial de multiplicarse. Cada clase de activo exige su propia mentalidad.

En Basalto, cuando estructuramos exposición a venture, lo hacemos con la ley de potencia en mente: con la lógica de cartera diversificada y con la conciencia de que es la clase de activo de mayor riesgo, reservada para la capa de apuestas del patrimonio. Es una posibilidad para esa porción de capital que se puede perder, no un lugar de rendimientos prometidos.

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